Defender los derechos humanos no debería ser un acto extraordinario.
Ayudar a quien lo necesita es lo normal.
La solidaridad, el respeto y la empatía tendrían que formar parte de lo normal.
Porque nadie debería ser menos por su origen, su identidad, su situación económica o el lugar donde nació.
Porque un mundo más justo se construye en lo cotidiano: escuchando, compartiendo, cuidando y no mirando hacia otro lado.
Normalicemos tender la mano.
Normalicemos defender la dignidad de todas las personas.
Normalicemos la humanidad.
Paremos a los discursos de odio.
Nota: La solidaridad, la cooperación, compartir con quien más lo necesita, el antirracismo, la convivencia… es lo que nos enseñaron nuestras abuelas. Una propuesta de La Coordinadora y de la Red de Coordinadoras Autonómicas de ONGD para poner en valor la cooperación, la defensa de los derechos humanos y la paz.