El equipo de voluntariado de Fundación Atabal y personas vinculadas a colectivos y movimientos sociales de Badajoz compartimos una jornada de formación y convivencia en torno a la permacultura, la agricultura sintrópica y las prácticas regenerativas.
El pasado domingo cambiamos nuestros espacios habituales de encuentro por el campo. Una jornada para caminar, observar, tocar la tierra, escuchar y conocer de cerca experiencias que nos ayudan a pensar otras maneras de producir alimentos, cuidar el territorio y relacionarnos con la naturaleza.
La actividad forma parte del itinerario formativo del Grupo Motor de Voluntariado de Fundación Atabal, un proceso de aprendizaje colectivo que compartimos con personas cercanas de distintos colectivos y movimientos sociales y que busca profundizar en nuestra comprensión de la emergencia ecosocial, conectar experiencias y fortalecer nuestra capacidad de acción y transformación social.
En esta ocasión, la propuesta nos invitó a acercarnos a la permacultura y a la agricultura regenerativa desde la propia experiencia. Comenzamos con un recorrido sensorial por el entorno, prestando atención a aquello que muchas veces pasa desapercibido, los sonidos, los olores, las texturas, la vegetación y las relaciones que se establecen entre los distintos elementos de un ecosistema.

A lo largo de la mañana fuimos conociendo algunos de los principios de la permacultura, una manera de diseñar espacios y sistemas de producción inspirándose en el funcionamiento de la naturaleza y poniendo en el centro el cuidado de la tierra, de las personas y el reparto justo de los recursos. Hablamos de la importancia de observar antes de intervenir, aprovechar los recursos disponibles, cerrar ciclos y comprender que cada elemento cumple distintas funciones dentro de un sistema más amplio.
Uno de los aprendizajes centrales de la jornada fue el acercamiento a la agricultura sintrópica, una forma de cultivo que busca producir alimentos mientras favorece la regeneración del suelo y la biodiversidad. A través de la combinación de árboles, arbustos y cultivos de diferentes alturas y ciclos de crecimiento, se pretende reproducir algunas de las dinámicas de los ecosistemas naturales, aprovechando las relaciones de cooperación entre especies.
Pudimos observar cómo la cobertura vegetal, la materia orgánica, la gestión del agua, la diversidad de plantas y los ciclos de crecimiento forman parte de un mismo sistema. Detenernos a tocar el suelo y reconocer la materia orgánica nos ayudó a comprender que aquello que habitualmente consideramos restos vegetales puede convertirse en un recurso fundamental para recuperar la fertilidad y alimentar la vida del ecosistema.
La experiencia también nos permitió conocer los retos, las dificultades y las decisiones que acompañan a quienes intentan poner en práctica estos modelos. Porque transformar las formas de producir implica experimentar, observar, equivocarse, aprender y adaptarse a las condiciones de cada territorio.
Una de las reflexiones que nos llevamos es que producir alimentos y regenerar los ecosistemas pueden formar parte de un mismo proceso. Frente a modelos agrícolas que agotan los suelos, simplifican los paisajes y dependen de un elevado consumo de recursos, estas experiencias abren posibilidades para recuperar la biodiversidad, cuidar el agua y construir sistemas alimentarios más sostenibles y justos.
Conocer y apoyar iniciativas cercanas que ya están ensayando alternativas también forma parte de nuestra manera de entender la transformación ecosocial. Acercarnos a estas experiencias nos permite aprender de sus procesos, reconocer sus dificultades y descubrir que muchas de las alternativas sobre las que reflexionamos colectivamente ya se están poniendo en práctica en nuestro entorno.
Y, por supuesto, también hubo tiempo para compartir la comida, conversar, disfrutar y seguir fortaleciendo los vínculos entre quienes participamos. Porque construir comunidad, generar confianza y encontrar espacios para estar juntas también es parte de la sostenibilidad de la vida y de los procesos colectivos que queremos impulsar.
Nos volvimos con nuevas preguntas, aprendizajes y algunas ideas que esperamos seguir explorando en nuestros proyectos y espacios de participación. Nos traemos muchas preguntas que en estos meses esperamos ir explorando sobre cómo conectar estos aprendizajes con lo que hacemos desde Atabal.
Pensamos en nuestro trabajo educativo en la ciudad, en los huertos urbanos comunitarios que queremos impulsar junto a otras entidades de Badajoz y en los proyectos agrícolas que acompañamos en Sierra Leona. Realidades diferentes que nos invitan a explorar qué principios y prácticas pueden ponerse en diálogo, teniendo siempre en cuenta las condiciones sociales, culturales y ecológicas de cada territorio.
Gracias a nuestras anfitrionas y formadoras por compartir sus conocimientos, su experiencia y las reflexiones que acompañan su trabajo, y a todas las personas que participaron en esta jornada de aprendizaje y convivencia.
Seguimos aprendiendo juntas, conectando territorios y buscando formas de llevar la mirada ecosocial a nuestras prácticas cotidianas.



